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La verdadera felicidad.

Felicidad. ¿Cuántas veces creemos haberla sentido? El mundo en el que vivimos se ha vuelto tan material, tan superficial que nos confunde y creemos encontrar felicidad en muchas cosas, pero ninguna de esas es una verdadera alegría. No es lo mismo sentirnos satisfechos o complacidos a sentirnos felices, una cosa es realizarnos y sentir la satisfacción que eso produce en nosotros. Ese tipo de sensaciones no duran para siempre, se vuelven un recuerdo que se medio borra con el tiempo, porque poco a poco comienzan a surgir retos para los cuales no estábamos preparados y nos roban la satisfacción que buscábamos.

En cambio cuando se goza de un momento feliz, por más corto que este haya sido, las gratificaciones que nos da son inmensas, además que con el tiempo, cuando se vuelven recuerdo siempre que pensemos en eso recordaremos y volveremos a sentir la felicidad que tuvimos en ese momento. Es por esto que mucha gente se aferra a los recuerdos y en ocasiones no pueden seguir viviendo.
El tiempo en el que vivimos nos hace ir de prisa, no fijarnos en las cosas pequeñas que dan verdadera alegría. A las nuevas generaciones se les enseña a que siendo populares se sentirán bien, que poniéndose encima de otros se sentirán mejor, que complacer las expectativas de los demás también complace las suyas y que no se logra ser feliz si no se está en constante vanguardia material. Por supuesto las viejas generaciones se adaptan a esta idea de manera muy rápida, realmente son muy pocas las personas que nos negamos a este idea. Una de dos; O es porque realmente te interesa disfrutar todo aquello que en algún momento nuestros padres o abuelos nos enseñaron, o es porque no tienes dinero para satisfacer estas cuestiones y aceptas tus limitaciones.
A veces las personas que no aceptan que sus posibilidades son pocas, entran en un profundo estado de decepción, infelicidad o incluso depresión. Y sea porque no son tan bonitos o bonitas como los estándares que se imponen o porque no se cuenta con las posibilidades económicas que la modernidad exige. Me pregunto ¿En verdad vale la pena ser infeliz por no poder comprar las cosas que todos los demás compran? Nos pasamos por alto que tenemos cualidades que mucha gente no, y que es precisamente por eso que llenan ese vacío comprando cosas. Quizás eres de las personas que pueden tener hijos, ¿Sabemos cuántas más sufren por no poder? A lo mejor eres de las personas que no viven en la ciudad ¿Sabes cuantas personas enloquecen por salir de la ciudad? ¿Sabes cuanto dinero gastan para poder tener un hijo, o tomar vacaciones lejos del tumulto de la ciudad? Para ti es gratis, y eres infeliz por eso.
La felicidad se vuelve una cuestión de valorar y dejar de envidiar cosas ajenas, porque ponte a pensar cuantas veces has tenido que perder las cosas para valorarlas.
No olvidemos lo que se siente ser feliz, la plenitud y satisfacción que nos llena ser felices. Las cosas que nos la brindan son gratis; escuchar a un niño reír, ver a un animal jugar, abrazar a un bebé, enamorarse, besar, abrazar, pasear en un bosque, caminar descalzo en el pasto o en la tierra, mojarte cuando llueve, comer tu platillo favorito, compartir tiempo con tus amigos y familia. Todas cosas que se están perdiendo, pero no importa, porque es más importante correr a comprar el nuevo celular y deber de por vida porque no tienes posibilidades de pagarlo de contado, no importa que se destruyan más áreas verdes hay que construir más plazas para poder arreglarte y sentirte parte de esta moda consumidora.
Hay que disfrutar cada momento, de estos momentos que valen la pena, que no cuestan excepto un poco de nuestro tiempo, pero ese poco tiempo que te cueste te dará a cambio un recuerdo feliz. Después no podremos arrepentirnos de haber perdido nuestros mundos (mundo familiar, mundo amistoso, el mundo donde vivimos, etcétera.) Aprovecha y disfruta. Sé feliz.

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